Existen una serie de argumentos o de acciones que nos podrían hacer creer que se tiene el control en la adopción de la tecnología educativa, en específico de la inteligencia artificial.

En muchos contextos, el liderazgo de la adopción tecnológica se distribuye entre múltiples agencias, sin coincidir necesariamente con las instancias responsables de la educación.

En una fase temprana de adopción, los marcos normativos y de uso se encuentran aún en construcción, coexistiendo con iniciativas parciales que no cubren criterios comunes.

Mientras tanto los estudiantes recurren a las aplicaciones o plataformas gratuitas, de fácil uso y acceso, pero sin la guía de un docente. Tecnología sin integración a un marco común de criterios pedagógicos, de eficiencia, de seguridad y técnicos.

Por último, los indicadores obtenidos muestran una incipiente y desigual adopción de la inteligencia artificial entre docentes, tanto en cobertura como en profundidad formativa. La relación tecnología-maestro muestra distintas dinámicas que generan distintos resultados, algunos distanciándose de los propósitos pedagógicos declarados.

Tanto innegable es el avance en el proceso de una adopción controlada como lo es su grado de fortaleza primaria. Pensar en control posee lógica, pero a su vez con contradicciones que lo hace ilusorio.

Implementar sin reglas, sin estándares, sin gobernanza, sin formación, sin propósito no abonan al control. ¿O si?

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Referencias

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Evaluar más no es evaluar mejor.