La automatización y el uso de tecnología de vanguardia mejora la calidad del trabajo en los estudiantes. Los indicadores así lo demuestran, pero la ganancia en conocimiento ha quedado en duda cuando esta se deja de utilizar. Estudios mencionan que esos mismos indicadores, por sí solos, no ofrecen soluciones concretas de aprendizaje. Asimismo, en la utilización de la tecnología, se ha observado que la brecha de alfabetización digital tiende a ampliarse para aquellos estudiantes con menores recursos.

La delegación de procesos mentales de alto nivel a plataformas tecnológicas avanzadas, representados por el esfuerzo cognitivo que implican las etapas críticas de diagnóstico, evaluación y reflexión, ha sido asociada con la capacidad del pensamiento crítico del estudiante. Asimismo, estudios señalan que la información proporcionada por estas tecnologías suele estar “encapsulada”, basada en patrones dominantes que inciden en la capacidad creativa.

En los docentes, la tecnología ha mostrado que puede ahorrar tiempo —planeación de horarios, control de asistencias, generación de contenidos, evaluaciones, entre otros—, pero en la práctica le ha sumado tareas ajenas al propósito de enseñanza, como una “labor invisible” que consiste en la revisión, reparación y verificación de los resultados generados. Por otro lado, en aras de incrementar la productividad, diversos estudios muestran como efecto adicional la disminución en el rol del docente, lo cual se asocia con el desarrollo socioemocional del estudiante.

El fenómeno, se asegura, se viene haciendo recurrente: una mayor eficiencia operativa acompañada, de manera simultánea, por un estancamiento del aprendizaje. Los informes observan que la adopción de nuevas tecnologías y la automatización dentro de las instituciones educativas tienden a una desconexión entre optimización técnica y calidad del proceso de enseñanza.

Referencias:

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La ilusión de control en la adopción de tecnología educativa.